Aula Gerión

Asociación para la defensa del Patrimonio Histórico - Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BODEGA DE LA CALLE TRILLO O DE RÁBAGO

   

   Santiago Pérez del Prado

 

Esta bodega ocupa 457 m2 de la calle del Trillo, en el Barrio Alto y dentro del casco histórico, por tanto esta protegido por la ley (Decreto 2024/1973, de 26 de Julio). En realidad son dos bodegas que se proyectan en paralelo a la calle: una mira a Trillo con su fachada de 21.60 metros, adentrándose hasta 10.80 metros, siendo la principal. En su trasera, discurre un patinillo muy alargado e irregular (86 m2) que la separa de una segunda nave estrecha y larga (134 m2) que parece un espacio aprovechado o residual, probablemente un viejo corral. Por su antigüedad –siglo XVII- y forma, se puede considerar como bodega de “estilo morisco”. Desde el exterior destaca, sus ventanillas rectangulares en el tercio cercano a la techumbre formada por faldón de tejas curvas.

 

La puerta de entrada da a un antiguo almizcate que la unía con la finca lindera y, mantiene en su marco el rebajado de la base en donde iría el portalón, con la anchura suficiente para el paso de las ruedas de los carros.

 

En su apogeo -siglo XVIII- debió ser esta bodega (nº 10) una parte de los tres siguientes números de casas: 8 y 6 formaba la denominada “Casa Rectoral” o “Parroquial de Bonanza”, por donde se erguía una hermosa torre-mirador, demolida recientemente-, y lindera con la 4, denominada “Casa de Regla” y, tras la desamortización “Casa de la Nación”. De la torre-mirador hay noticias por los primeros años del siglo pasado, cuando era una casa de vecinos administrada por el vicario Rubio Contreras, a quién el Ayuntamiento instó a arreglarla.

 

Con la decadencia de sus propietarios, descendientes de cargadores a Indias, se produjo segregaciones y agregaciones en distintas combinaciones. Hasta hace poco la bodega pertenecía a la firma “Delgado Zuleta”, cuya actuación en estos últimos años ha sido la de desembarazarse de las bodegas del casco antiguo, tanto la propias como las alquiladas, para trasladarse a la Carretera de Chipiona. Actualmente pertenece a la promotora “Gestisan S.L”.

 

El Catastro de Ensenada (1752)  consigna estas casas y bodega como propiedad de Pedro Rodríguez Pérez [de Ardila], navegante, describiéndola como casa con alto y bajo, 57 varas de frente (47 metros) y 18 de fondo (17.3 metros), más bodega con capacidad para 1200 arrobas de vino. Ambas en arrendamiento rentarían 1500 reales de vellón. También contaba  con 1/7 parte de casa de campo en una Hacienda de Monte Olivete, cuyas tierras, olivares y viñas, bodega y cuatro almacenes de aceite pertenecían a Felix Martínez de Espinosa, su cuñado.

 

Era Pedro, hijo de Antonio Pérez de Ardila y de su primera mujer Juana López; y al igual que su hermano Manuel fue reconocido como hidalgo por el Cabildo en 1745, quien ejercía como cargador a Indias y habitaba en  la calle San Agustín –casa con el escudo de Mergelina encima del dintel de la puerta-, actualmente restaurada y rehabilitada con gran acierto (también con torre-mirador).

Un hijo del mismo  Pedro Rodríguez Pérez y su mujer María Martínez de Espinosa (hija de Mateo, el gran comerciante propietario de la casa denominada de “Pepita Tudó”), llamado Manuel  vendió la casa a Joaquín Díaz de Rábago en 1834, y hasta la compra de la bodega por Gestisan, ha permanecido en la estirpe de los Rábagos.

 

Joaquín Díaz de Rábago y Pérez de la Puente (nacido en 1770, Barrio-Santander) como otros montañeses de la época, emigró a Sanlúcar –puerta de América- para hacer fortuna mediante el comercio de ultramarino, con poco equipaje y dinero, aún siendo el heredero de un mayorazgo de reconocida hidalguía. Casado con otra santanderina de La Hoz de Aviada (donde se celebró el matrimonio), Teresa Santiago y Diez; alcanzó a través de  su tienda y taberna en la esquina de la calle Jerez con Poedo, el grado de propietario de viñas y bodegas, dejando una considerable fortuna –un cuerpo de bienes de 253.500 reales- a su  mujer (†1839) y a sus tres hijos: Pedro, Francisco y María de los Ángeles.

 

Llama la atención la cantidad de pequeñas propiedades de prados dispersos con hierbas para el ganado, pero de escaso valor comparado con el suelo rústico y urbano sanluqueño, que poseían estos hidalgos cántabros. La hija de Rábago junto a su marido, otro pujante montañés: Rafael Terán Carrera (de Soto-Santander, 1797-1883), mediante una permuta con su hermano Pedro, se queda con la bodega de la calle Trillo. Dos nietas de Terán (Caridad y Concepción) aportarán un gran capital a las sociedades creadas por sus respectivos maridos: “Antonio Barbadillo Ambrosi” y “Benito Rodríguez Lacave”. Esta última firma mantiene la bodega de la calle Trillo, hasta que es absorbida por “Delgado Zuleta”. Su suerte está en el aire.

 

 


 

Enlaces relacionados: Bodega de la calle Trillo - Historia - Fotografías

 


 

 

 

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